Convencidos del Amor de Dios

Escrito por el Viernes, 7 Mayo, 2010 | 0 comments


Es curioso ver como incluso nosotros los creyentes tenemos a veces la dificultad de comprender que el amor de Dios por nosotros es inagotable.

Habrán ocasiones en que nuestra mente talvez por situaciones negativas a nuestro alrededor tratará de convencernos de que Dios por alguna razón no está siendo justo con nosotros, por que talvez no actúa con la rapidez o en la forma que queremos y esto es común que pase como creyentes debemos mantenernos firmes en la fe a pesar de las pruebas y circunstancias y creer que Él nos ama.

Incondicional

No importa quién seas o lo que hayas hecho en tu vida, el amor de Dios es incondicional y no cambia. No permitamos que el enemigo nos bombardee con culpa y condenación. Él enemigo trata de persuadirnos de que el amor de Dios en nuestra vida es condicionado y esto es una mentira. Usted y yo no hicimos nada para ganar el amor de Dios y nada de lo que usted o yo hagamos así seamos los pecadores más grandes del mundo podrá lograr que Él nos ame menos.

Él es amor (1 Juan 4:16) y a diferencia de la gente, Su punto de vista con respecto a nosotros nunca cambia, usted y yo somos sus amados, la niña de sus ojos.

La Biblia declara:… que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna cosa creada, es capaz de separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro ” (Romanos 8:38, 39).

Dios nos ama a nosotros más no nuestras malas obras

Dios nos acepta y ama como somos, aunque no se complace de nuestras obras malas. Sin embargo, para que Él nos lleve a mayores niveles en la vida, a veces nos tiene que corregir. Al igual que cualquier buen padre, no hay cantidad de errores o pecados que un hijo cometa que pueda deshacer el amor de ese padre. Dios es igual y siempre abrirá sus brazos hacia nosotros.

La Palabra de Dios revela su amor por nosotros. Él nos ama tanto que Él hizo su amor por nosotros oficial al ponerlo por escrito en su Santa Palabra y su palabra nunca fallará. Cada promesa descrita en la Biblia es un reflejo de su amor y al leer las historias de los grandes hombres y mujeres en las Escrituras vemos que cometieron errores, tropezaron y algunos cayeron a menudo: pero el amor y misericordia de Dios siempre estaba esperando para llevarlos de vuelta a Él.

Juan 3:16 también nos recuerda su amor y sacrificio: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna.Dios nos amó tanto que tomó forma humana en la persona de Jesús para morir por nuestros pecados.

La promesa

Él quiere que seamos parte de su familia y que vivamos con Él eternamente en el Cielo. Amigo(a) esto no es una fantasía, el cielo es real, Dios es real, la eternidad es real, esto que usted y yo pasamos ahorita es temporal, los problemas son temporales, la enfermedad es temporal, la escasez es temporal, la juventud, la vejez, el dinero… en fin todo esto pasara algún día, pero la gloria venidera es eterna y es en esa dirección en que debemos caminar.

Jesucristo hizo el sacrificio máximo para que pudiéramos tener una relación personal con Dios. Cuando todo falla, y no hay nadie más en nuestras vidas para confiar y depender de amor, Dios siempre estará allí. A menudo ponemos tanta fe en otras personas para llenar ese vacío de amor que creemos nos llenará, que dejamos a Dios fuera de la ecuación. Sin embargo por naturaleza humana la gente falla, defrauda y lastima, pero Dios nunca lo hará. Así que aunque el amor de otros en especial el familiar y el sentimental son muy importantes, dependamos del amor de Dios que tiene un historial de misericordia y de incondicionalidad.

Usted y yo no tenemos que pedirle a Dios que nos ame, Él ya lo hace y es la razón por la cual Él siempre nos mostrará lo valiosos que somos. Permitamos que su Espíritu y su palabra nos guíen. Creamos en nuestro corazón y recibamos la verdad del incomparable amor de Dios.

Su amigo y hermano en Cristo,

Juan C. Sancho

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